Sacrilegio cívico, autorretrato de Gabriel Quadri

Foto: Gabriel Quadri

Arriba del marco las letras doradas dicen ‘Lázaro Cárdenas’. Debajo se aprecia una puerta con el escudo nacional desportillado. La puerta está cerrada. Al pie de ella, dos personas y sus pertenencias descansan sobre un cartón. Una cobija verde, una bolsa azul de plástico y una botella de refresco. Sacrilegio cívico. Uno duerme y el otro se abraza las piernas. El altar de la Patria y espacio público emblemático resguarda con rejas las lámparas que lo iluminan, y de paso calientan un poco a quienes tienen apenas lo que llevan puesto, un cartón, una cobija verde y una bolsa azul de plástico. Altar de la Patria, Monumento a la Revolución y Plaza de la República, apropiada por indigentes y convertida en pocilga. A nadie le importa, a nadie le importan.

Split es un delirio navegable

Split es un delirio navegable. Para embarcarse en él hay que soltarse a sí mismo, abandonar las expectativas previas, estar dispuesto a comprar lo que la película nos va proponiendo. La primera guía para navegarla es la magnífica fotografía, que nos habrá de internar y encerrar en los espacios físicos y psicológicos de los personajes, llevándonos pacientemente al gran acierto de Split: sus detalles y sutilezas. Éstos son los grandes trazos de la película, su ritmo y su genialidad: un concierto que nos obliga a descender con base en actuaciones gestuales en contrapunto; dicción multicolor y cuidada de cada persona(e); una paleta cromática limitada, rígida y oscura que nos constriñe en un encierro propio. Multitud de guiños y matices serpenteando un nuevo cuento de terror, que sólo será creíble en conjunción con nuestra capacidad de imaginar o con el cúmulo personal de desvaríos.

Triste domingo a los siete años

En la música está contenido algo más oscuro y más profundo que aquello que se puede transmitir con palabras. Que alguien de 7 años de edad pueda abrevar directamente de este torrente subterráneo y darle cuerpo a algo tan imponente y demoniaco es un milagro que merece compartirse. El juez al final le pregunta a Angelina (insisto, de 7 años) si sabe de qué trata la canción. Ella dice que sí, que trata de un domingo triste. Luego de un momento de silencio el juez la absuelve: ‘sí, y pude sentir esa tristeza’. Los intérpretes tienen esa suerte de vibrar sin contención. Basta mirar el acompasamiento con sus pies descalzos. Los intérpretes son la música cuando son habitados por ella: un milagro que los acaba calcinando.

Y dale la burra al trigo

Las palabras imantan todas sus propiedades cuando estamos dispuestos emocionalmente: conmovidos, indignados, con rabia o asco. Exponerse a las retóricas oficiales (verdades históricas) nos ciñe al universo cerrado que han diseñado los psicópatas que nos gobiernan: nos reduce a repetir el infundio inhumano en negativo, en reversa, con el corazón atragantado. Fui reconstruyendo el regodeo sádico oficial a partir de las reacciones de las personas en las que confío para informarme. La asfixia y la impotencia son algo menores al no exponerse de frente a la toxicidad del necio profesional.

Y dale la burra al trigo, diría mi abuela. Dicen que se cansan pero no desisten. Insisten con poca gana y mucha vileza. Quieren terminar de cansar a los hartos, a los que no desisten.

burra al trigo