Juegos de luz

A menudo se agita la frase ‘juegos de luz’ con cierta holgura. Acá no hay sólo eso sino luz en pasarela, atardeciendo en el acetato, revelando como en la caverna original la silueta de una interpretación musical. La combinación otoñal Winston-Bronze pasada por el fuego, o por la lamparita y su movimiento. No es Nosferatu en el muro quien se proyecta. Es la sombra de un brazo de metal y el enjambre de ejes que hacen contrapeso para revelar el sonido. Conmovedor a muchos niveles.

Bellísima pieza con el arriesgado aporte del video de Roberto Di Landrio

Metrobús vs. Ciclista

Vivo junto a un eje donde corre el Metrobús. Nunca he comprendido cómo los ciclistas se animan a agarrar ese carril donde va esa bestia a tan alta velocidad. En bici trato de no usar ejes viales a menos de que traiga piernas para no soltar el carril (la ley lo permite). Y aún así no falta el psicópata que se siente con el derecho de aventarte lámina. Es indignante que alguien sienta el tonelaje de su vehículo como fuerza propia y pretenda amedrentar con ella. No es un ciclista el que te estorba, es un hijo, esposo, novia, padre, tío, nieto o un vecino.

Cabe resaltar el valor civil de quien hizo el video y puso la queja contra el Metrobús. El fenómeno de la ‘invasión’ de esos carriles tiene que ser atendida de manera integral no con el peso bruto de las unidades.

Ochentas que se ensanchan

Supe que los ochentas no habían sido solamente los ochentas casi cuando hubieron terminado. Un compañero en la primaria me prestó un cassette de The Cure. Fue una sacudida (y también para mis padres porque se tenían que recetar el cassette en el coche y en la casa). Luego de la hecatombe hubo que volver los pasos y descubrirse a la par de los nuevos hallazgos. Los ochentas (aunque todavía no los llamabamos así) se ensancharon hacia abajo, hacia adentro.

Fue hasta después del internet que supe de Romeo Void. Algún adepto al saxofón o a Debora compartió un disco.

Total que sigue pasando el tiempo y los ochentas no dejan de ensancharse.

Aguja que cae (tirando)

Me gusta el término needledrop. En la práctica se emplea para designar el proceso de grabación de un disco LP y su traducción digital. Los entusiastas comparten sus tiradas y las publican en YouTube o en foros especializados. Todo por el gusto de convidar un hallazgo, una combinación de sonidos o por el ánimo de contagiar la costumbre de la inmersión musical profunda. La palabra needledrop me sugiere una guillotina que cae lento, que viaja permanentemente, en espiral, por un surco que acaba por ahorcar y no decapitar. Pienso también en el arponazo del adicto: otro surco, otro viaje. Me seduce traducir needledrop como tirada, porque es también una apuesta Stephánica, estrafalaria. El proceso nos imprime surcos como aguja, nos esculpe, moldea, deforma y tira, hacia el centro, en espiral.