Aguja que cae (tirando)

Me gusta el término needledrop. En la práctica se emplea para designar el proceso de grabación de un disco LP y su traducción digital. Los entusiastas comparten sus tiradas y las publican en YouTube o en foros especializados. Todo por el gusto de convidar un hallazgo, una combinación de sonidos o por el ánimo de contagiar la costumbre de la inmersión musical profunda. La palabra needledrop me sugiere una guillotina que cae lento, que viaja permanentemente, en espiral, por un surco que acaba por ahorcar y no decapitar. Pienso también en el arponazo del adicto: otro surco, otro viaje. Me seduce traducir needledrop como tirada, porque es también una apuesta Stephánica, estrafalaria. El proceso nos imprime surcos como aguja, nos esculpe, moldea, deforma y tira, hacia el centro, en espiral.

“No estoy de humor para tus pendejadas”

Cuando voy en bicicleta ocupo el carril de la derecha. Lo ocupo completo no solamente porque la ley lo permite sino porque es mucho más seguro. Ir pegado a los autos estacionados (carril-cochera en todas las vialidades) es un peligro probado: el golpe de una puerta de auto abriéndose despreocupadamente te puede aventar al flujo de autos. Ha pasado mucho y recientemente. Otra razón para ocupar carril completo es evitar que los autos te rebasen cuando no hay espacio adecuado. La experiencia internacional recomienda dejar 1.50 m. de distancia al rebasar a un ciclista. Muchos automovilistas desconocen dicha recomendación y no reparan en las razones para ella. Cuando un auto rebasa con poco espacio a un ciclista no solamente conlleva el riesgo de golpear su manubrio. La cercanía intempestiva con un auto puede llevar a un ciclista a desconcentrarse y caer. También al rebasar sin abrirse lo suficiente no se da el mensaje de la presencia de una bicicleta al auto que viene detrás de quien está rebasando: se encontrará de sorpresa con un ciclista, sin espacio para maniobrar.

Foto: M. Martin Vicente
Foto: M. Martin Vicente

Quería explicarle todo eso a quien dijo que me sentía de chicle por ir en medio de la calle, y que no tenía ninguna prioridad, que no tenía tiempo de escuchar nada.

Lo vi en mi espejo retrovisor, muy cerca de mi bicicleta. Le hice señas primero para que se alejara y luego para que me rebasara. Lo hizo pero con poco espacio, echándo lámina pues. Le hice la seña universal de ‘dame un momento’, que esperara. Lo hizo parar el semáforo y me acerqué a su auto. Salió de él como un resorte, embravecido, gritando e insultando. Le dije calmada y reiteradamente que me dejara explicar. No me dejó. Estaba furioso y enajenado. La dinámica se repitió varias veces. Al final no puedo decir que se calmó, pero no siguió escalando su violencia, quizás porque no le di más elementos, finalmente sólo le quería explicar. Arrancó y se fue con un colofón de insultos.

Más allá de la enajenación y los motivos de este señor, me llamó poderosamente la atención la encarnación de esos prejuicios y lugares comunes que cada vez se repiten más. Me impactó cómo la reiteración, el desprecio previo y generalizado pueden llevar a la violencia. El prejuicio y desprecio a los demás predispone y puede traer consecuencias.

El dragón de Atreyu

Quetzil. Alebreije de David Ventura Fernández
Quetzil. Alebreije de David Ventura Fernández

Me encontré al dragón de Atreyu bajo el árbol de la noche triste (ahora victoriosa). Dijo llamarse Quetzil. Cuando le pregunté por su plumaje se quiso largar reptando.

Militar, tu madre también te buscaría

Una de las grandes luchas se está dando en el terreno de lo simbólico. Hay muchos recogiendo imágenes emblemáticas que retratan el corazón adolorido de los nuestros, su transformación hacia la fuerza entre tanto quebranto y adversidad.

Madre junto a militares. Foto: Félix Márquez (@felyxmarquez)
Madre junto a militares en una protesta en un cuartel de Iguala, Guerrero. Foto: Félix Márquez (@felyxmarquez)