Twitter se sigue cerrando

El twit­ter de anta­ño era con­ver­sa­cio­nal. Ahí, la cama­ra­de­ría bro­ta­ba más por el medio que se com­par­tía que por los intere­ses en común. Los vier­nes (follow fri­day: #FF) cada quien publi­ca­ba enu­me­ra­ba cuá­les eran los tui­te­ros que valía la pena seguir. Otro día se abría una cer­ve­za al uní­sono. Recuer­do que se tui­tea­ba con par­ti­cu­lar entu­sias­mo antes de algu­na cena decem­bri­na o des­pués de ella.

Más ade­lan­te des­cu­bri­mos la uti­li­dad de twit­ter para trans­mi­tir noti­cias urgen­tes, defen­der­se de abu­sos poli­cía­cos y guber­na­men­ta­les, así como para aler­tar sobre ame­na­zas inmi­nen­tes. …

Therese Patricia Okoumou

Una mujer negra a los pies de la esta­tua de la liber­tad, lis­tón inau­gu­ral del sue­ño ame­ri­cano para incon­ta­bles gene­ra­cio­nes de migran­tes euro­peos. Faro del nor­te para los escla­vos afri­ca­nos que fue­ron tra­ta­dos como bes­tias. Una mujer afro­des­cen­dien­te es ase­dia­da a los pies por la poli­cía, a los pies de la liber­tad. Una Amé­ri­ca que mata a sus hijos negros, y arran­ca a los infan­tes more­nos del sur de los bra­zos de sus padres. ‘Una loca izquier­dis­ta echó a per­der la fies­ta’, dice un ques­que­dia­rio sen­sa­cio­na­lis­ta grin­go. ‘Perra-fea’, el nom­bre del archi­vo de la foto roba­da de un blog mexi­cano. The­re­se Patri­cia Okou­mou, mujer negra, migran­te con­go­le­ña, neo­yor­qui­na que lucha por abo­lir la bar­ba­rie nor­te­ame­ri­ca­na en turno, se pone de pie a los pies de un vacío monu­men­to azul, se levan­ta y resis­te.

Sacrilegio cívico, autorretrato de Gabriel Quadri

Foto: Gabriel Qua­dri

Arri­ba del mar­co las letras dora­das dicen ‘Láza­ro Cár­de­nas’. Deba­jo se apre­cia una puer­ta con el escu­do nacio­nal des­por­ti­lla­do. La puer­ta está cerra­da. Al pie de ella, dos per­so­nas y sus per­te­nen­cias des­can­san sobre un car­tón. Una cobi­ja ver­de, una bol­sa azul de plás­ti­co y una bote­lla de refres­co. Sacri­le­gio cívi­co. Uno duer­me y el otro se abra­za las pier­nas. El altar de la Patria y espa­cio públi­co emble­má­ti­co res­guar­da con rejas las lám­pa­ras que lo ilu­mi­nan, y de paso calien­tan un poco a quie­nes tie­nen ape­nas lo que lle­van pues­to, un car­tón, una cobi­ja ver­de y una bol­sa azul de plás­ti­co. Altar de la Patria, Monu­men­to a la Revo­lu­ción y Pla­za de la Repú­bli­ca, apro­pia­da por indi­gen­tes y con­ver­ti­da en pocil­ga. A nadie le impor­ta, a nadie le impor­tan.