El arte de rebajar el arte

Hay un desprecio muy arraigado por ese concepto abstracto que llamamos gente. Se le rebaja la obra artística pensando que está muy lejos de alcanzarla y antes de ponerle un banquito o darle un mapa de cómo acceder a ella se le insulta masticándole la obra. El bolo alimenticio resultante es lo que muchos entienden por difusión o arte para las masas. Se subestima la capacidad y sensibilidad del que está frente a la obra para vincularse con ella.

De niño no entendía todas las palabras que se ocupaban en Mafalda pero entendía el contexto, la expresión, lo que se iba barajeando. Poco a poco fui entendiendo más y enriqueciendo mi primera opinión. Esto último aplica con el arte, personas y con todo lo que en algún momento determinado sintamos ajeno.

No hace mucho Enrique Diemecke puso a cantar y aplaudir al público luego de haber ejecutado el Réquiem de Mozart en Bellas Artes. En aras bajar la obra a la masa no se preocupó por el sobrecogimiento (mucho o poco) que pudieron haber sentido sus escuchas y convirtió el Réquiem en un encore de un concierto de Juan Gabriel.

Aborto

No puede haber tema más polémico y con tantas aristas como éste. Una vida dentro del cuerpo de una persona que tiene derecho de decisión sobre su propio cuerpo. Y con toda razón argumentarían de un lado ‘y dónde quedan los derechos del que no ha nacido?’. Y de ahí parten un sinnúmero de argucias y eufemismos de una y otra postura (‘a favor’ y ‘en contra’). Creo que como sociedad estaríamos muy lejos de poder plantearnos un debate de este tamaño. Acaso -y ahí veo avance- se puede dejar de criminalizar a la mujer desesperada que está resuelta de todas maneras a abortar aún en condiciones insalubres bajo las manos de gente sin escrúpulos. Para que un Estado o una sociedad tuviera autoridad moral para defender la vida tendría que propiciar al menos las condiciones para que la vida fuera vivible, sobre todo para los desposeídos, para quienes no tienen posibilidad de escalar socialmente o apropiarse de su propia vida. Tendría que brindar una gama de alternativas (aún previas al embarazo) para que el aborto resultara innecesario. Ahí también hay avance. Hay organizaciones que apoyan a la madre que no desea serlo para que lleve el embarazo a término y después le dan un hogar al que habrá de nacer. Quizás en un futuro sea posible técnica y legalmente trasplantar un embrión humano de una madre que se ve obligada a abortar en el útero de alguien que sí puede darle condiciones de vida digna. El peor error es trivializar este dilema en ‘a favor’ o ‘en contra’ sin querer resolver -como sociedad, insisto- las problemáticas que nos llevaron siquiera a legislar al respecto. Señalar al último eslabón de un grandísimo problema social sin contemplar las condiciones psicológicas, económicas y sociales que le llevan a plantearse un aborto tampoco parece ético y mucho menos justo.

En ambas posturas veo avances y creo que en un futuro habrán de confluir con soluciones viables y socialmente aceptadas para que no haya ‘asesinatos necesarios’ (así, sin eufemismos) ni mujeres desangradas en condiciones deplorables.