Ángeles o ausencias
Alguna vez en el canal once entrevistaban a un artesano especialista en hacer ángeles. Dijo en aquél programa que los ángeles estaban en todas partes, que uno podía sentirlos. En su balbuceo poco hilvanado dió a entender que los ángeles tenían que ver con la división que es uno mismo, como una escisión. Luego le preguntó a su entrevistadora algo que me estremeció: “¿Alguna vez ha sentido nostalgia?” Por un momento temblé, pensé que iba a relacionar ambas ideas, que iba a decir que cada vez que uno sentía nostalgia era por haberse abandonado a sí mismo, que el ángel era un doble de nosotros, por abandono. En todo caso, el escalofrío propio de la nostalgia tendría que ver con ese roce con eso que somos pero dejamos de ser, insisto, por abandono. Pero no, todo quedó en el aire y el artesano siguió su verborrea.
Para quien padece de escalofríos sin causa aparente, la posibilidad revelada por el artesano es de sumo escalofriante, pues nos trae el hilo faltante, el parentesco oculto entre la nostalgia y la ansiedad, fenómenos de origen nervioso que comparten el escalofrío como aderezo físico. ¿Qué es la ansiedad sino la necesidad en absoluto? La necesidad sin rostro que no se ve llenada con ninguna cara en particular. La ansiedad es el recuerdo automático y recurrente del momento en el que nos abandonamos.
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