Sucre
By Javier Armas on Ene 29, 2010 in Fotografía | 0 Comments
Cantor que canta es pájaro
By Javier Armas on Ene 26, 2010 in Quejas | 1 Comment
Fuente: http://twitter.com/JMRivaPalacio/status/7975457092
Me queda claro que el reportero felicita a su colega por el hallazgo periodístico, pero la redacción es tan poco afortunada que el motivo de su alegría profesional se difumina, y considerando el contexto social en el que se da la felicitación, se convierte en una estampa de la sensibilidad del comunicador ante los grandes trampolines las grandes tragedias.
By Javier Armas on Ene 14, 2010 in Asombros | 3 Comments
Mercenarios vestidos como estudiantes, cantantes vestidos de civil. ‘¿Y si leyeramos poesía en el metro?’ ¿Y si la poesía emergiera de los pasajeros? ‘El asesino salió de entre la muchedumbre y consumado el acto se perdió en ella’. Yo también me tallaría la cabeza, perplejo y conmovido. ¡El carnicero está cantando! ¡El carnicero está cantando! La vendedora de frutas, el turista, todos en alegría reverencial. La humanidad tiene remedio o acaso lo humano en nosotros lo tiene. ‘Una turba emocionada en Valencia bailó a Verdi a media tarde. No faltó quien olvidó comprar sus uvas.’
‘Siguieron sonriendo hasta altas horas de la salchichonería’
Seguro que yo también lloraba.
By Javier Armas on Ene 11, 2010 in Fotografía | 0 Comments
By Javier Armas on Ene 3, 2010 in Pornografía verbal | 5 Comments
Prefiero hacer literatura a ponerle nombre y apellido a cada queja. Ahi el límite de la bitácora. Me ha pasado que releo lo que no quedó con nombre y apenas si se recuerda al destinatario. No hay culpables. Nadie tiene peso y la musa es sólo su silueta.
Escribe como se masturba. Una mera liberación carente de técnica o juego. Un arrebato necesario y vulgar en ejecución. Como un sollozo furtivo de una madre que nunca llora.
By Javier Armas on Dic 31, 2009 in General | 5 Comments
Un grupo de pingüinos sale de la colonia en la que anidan. Van rumbo al mar. Uno de ellos se detiene. No sigue el camino de los demás ni regresa a la colonia. Inmóvil gira la cabeza hacia los que siguen su marcha y hacia otro que decidió volverse. Después emprende hacia las montañas, donde no hay nada sino vastedad. ”El doctor Aingly explica que aún cuando tomara al pingüino y lo devolviera a su colonia, regresaría a las montañas” dice Werner Herzog como narrador del video y termina preguntándose por qué.
Derangement. Trastorno. Palabras exactas para describir el giro súbito del protagonista de esta historia. Decide ese camino con el mismo tesón instintivo que emplearía para buscar alimento en caso de sentir hambre. No hay razones pues es muy posible que el pingüino no las ocupe para definir su comportamiento. Cómo se puede decidir una pulsión de ese tamaño. El pingüino se ha exiliado o ha decidido morir. Pareciera que hay más argumentos en favor de lo segundo pues seguirá caminando hasta que lo mate el cansancio, el hambre y el frío.
Imposible no conmoverse ni caer en la tentación de hacer paralelismos fáciles con algún caso humano, de aquél que con cada acción se va alejando de su grupo o la supervivencia. Turning point es en inglés el punto decisivo, el momento donde una historia se precipita en cambios sin freno o remedio. La palabra trastorno comprende también un frenesí trágico demoledor. Pareciera que las montañas no marginan idiomas ni especies.
Agradezco a Ana Martín Velázquez por compartir este video.
By Javier Armas on Dic 31, 2009 in Ensayos ajenos | 0 Comments
Desde que era muy chico, quizás desde los cinco o seis años, supe que cuando creciera debía ser un escritor. Entre los diecisiete y los veinticuatro traté de abandonar esta idea, pero lo hice con la conciencia de que estaba violentando mi verdadera naturaleza y de que, tarde o temprano, debería sentar cabeza y escribir libros.
Yo era el segundo de tres hermanos, pero había una separación de cinco años de cada lado, y apenas vi a mi padre antes de cumplir los ocho. Por estas y otras razones estaba un poco solo, y pronto desarrollé manierismos desagradables que me hicieron impopular durante todos mis años de escuela. Tenía el hábito de niño solitario de inventar historias y mantener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde su mismo origen mis ambiciones literarias estuvieron mezcladas con el sentimiento de estar aislado y menospreciado. Sabía que tenía cierta habilidad con las palabras y una capacidad de enfrentar hechos desagradables, y sentí que esto creaba una especie de mundo privado en el cual podía tomar revancha de mi fracaso en la vida diaria. Sin embargo, el volumen de escritura —seriamente emprendida— que produje a lo largo de toda mi infancia y adolescencia, no llegaría a media docena de páginas. Escribí mi primer poema a los cuatro o cinco años, dictándoselo a mi madre. No recuerdo nada de él, excepto que era acerca de un tigre y que el tigre tenía “dientes como sillas” —una frase bastante buena, pero me imagino que el poema era un plagio del “Tiger, Tiger” de Blake. A los once, cuando comenzó la guerra de 1914-18, escribí un poema patriótico que fue publicado en el periódico local, como lo fue otro dos años después, por la muerte de Kitchener. De vez en cuando, siendo un poco mayor, escribí “poemas naturales”, malos y usualmente inconclusos, en estilo georgiano. Además, como dos veces, intenté una narración corta que resultó un fracaso espantoso. Ese fue el total de trabajo supuestamente serio que en efecto emprendí sobre el papel durante todos esos años. Read the rest
By Javier Armas on Dic 30, 2009 in Asombros, General | 3 Comments
La entidad separatista conocida como inconsciente, tiene conmigo un juego ya tradicional. Pone en mi cabeza una canción subrayando con énfasis repetitivo algún pasaje en particular. Esta mañana desperté con “We’re the same height. The same eyes. But you can’t borrow my clothes all the time” (Somos de la misma estatura. Tenemos los mismos ojos. Pero no puedes usar mi ropa todo el tiempo). Pertenece a una canción de Emiliana Torrini. Relacioné la epifanía con el que la época en que apareció esta canción inauguraba una sed de nueva música después de una reciente separación muy dolorosa (de una pareja en particular aunque el haberme escindido de mí no era tan reciente). También la relacioné con una pareja a la que posteriormente le compartí el mismo extracto de canción. Pero el juego de mi inconsciente tiene otra característica: por sadismo o misericordia me muestra sólo la puntita de lo que quería decirme al poner en mi cabeza esa canción. Para seguirle el juego voy y busco el referente completo. Es cuando acabo percibiendo la magnitud del mensaje de mi inconsciente.
| You’re like me We’re both alone What’s the problem I don’t know We’re the same height The same eyes But you can’t borrow my clothes all the timeBad things Dead things Sad things have to happen Sometimes I let the snow Bad things Bad things Sometimes |
Eres como yo Ambos estamos solos Cuál es el problema? No lo sé Somos de la misma estatura Tenemos los mismos ojos Pero no puedes usar mi ropa todo el tiempoCosas malas Cosas muertas Cosas tristes tienen que pasar Algunas veces Dejo que la nieve Cosas malas Cosas malas Algunas veces |
By Javier Armas on Dic 29, 2009 in Asombros | 0 Comments
La frase abrió algo, muy profundo y oculto. Todo se desbordó. Era un llanto puro, fluido, de sollozos acompasados. Mercedes Sosa, la guitarra, la voz dentro enmedio de quién sabe dónde pero jalando más llanto mas nunca de rodillas. Incontenible e indescifrable, más grande que cualquier herida o melancolía recurrente, distinta, poética, de vida. Nunca antes, nunca así.
Cantor que canta, es pájaro
Pechito de semillas
Cantando en la taberna
o con la voz enferma
no canta de rodillas
Puedes verlo agitando
Las alas amarillas
Con los ojos cerrados
Y el corazón cansado
Más nunca de rodillas
Más nunca de rodillas
No puede el pajarito
Paradito en su horquilla
O en la rama más alta
O en la humilde gramilla
Ponerse de rodillas
Hablo del pajarito
Y de su cancioncilla
Que pueden nacer cierta
Que pueden nacer muerta
Pero no de rodillas
Pero no de rodillas
No hay canto verdadero
Ni canción tan sencilla
Que el pájaro al cantarla
Para más entregarla
La ponga de rodillas
Y no defiendo al canto
Sino a la pajarilla
De papel que hace un trino
Mañana un desatino
Más nunca de rodillas
Más nunca de rodillas
Y el que canta al tirano
No es pájaro ni es nada
Es reptil del pantano
Cloqueando para el amo
De rodilla doblada
Cantor que canta es pájaro
Pechito de semillas
Cantando en la taberna
O con la voz enferma
No canta de rodillas
No canta de rodillas
By Javier Armas on Dic 24, 2009 in Galeote | 4 Comments
Alguna vez en el canal once entrevistaban a un artesano especialista en hacer ángeles. Dijo en aquél programa que los ángeles estaban en todas partes, que uno podía sentirlos. En su balbuceo poco hilvanado dió a entender que los ángeles tenían que ver con la división que es uno mismo, como una escisión. Luego le preguntó a su entrevistadora algo que me estremeció: “¿Alguna vez ha sentido nostalgia?” Por un momento temblé, pensé que iba a relacionar ambas ideas, que iba a decir que cada vez que uno sentía nostalgia era por haberse abandonado a sí mismo, que el ángel era un doble de nosotros, por abandono. En todo caso, el escalofrío propio de la nostalgia tendría que ver con ese roce con eso que somos pero dejamos de ser, insisto, por abandono. Pero no, todo quedó en el aire y el artesano siguió su verborrea.
Para quien padece de escalofríos sin causa aparente, la posibilidad revelada por el artesano es de sumo escalofriante, pues nos trae el hilo faltante, el parentesco oculto entre la nostalgia y la ansiedad, fenómenos de origen nervioso que comparten el escalofrío como aderezo físico. ¿Qué es la ansiedad sino la necesidad en absoluto? La necesidad sin rostro que no se ve llenada con ninguna cara en particular. La ansiedad es el recuerdo automático y recurrente del momento en el que nos abandonamos.