Yo sí

toreros muertos yo no me llamo javier med

Fueron muchas veces las que me preguntaron ¿y eres de armas tomar? También fueron muchas las veces que en alguna fiesta me hacían un guiño cuando ponían Yo no me llamo Javier. Esta canción habrá estado de moda cuando yo tenía unos ocho años. Conoces la canción, te gusta, la bailas, sigues el juego de quienes te señalan al bailarla. Tiempo después te vas enterando de qué trataba y por qué la fijación de quien canta por desmarcarse del nombre y del niño tan bonito. La canción se sigue tocando en el radio, en fiestas y antros aún hasta el día de hoy. A pesar de ello, creo que no había tenido oportunidad de escucharla de verdad. En mi recuerdo no había percusiones bryanferryescas tan vivas ni distribución espacial del sonido. Cuando hoy en día presencio lo que escuché en los ochentas caigo en cuenta de que tuve acceso a una proyección plana del fenómeno musical. Y aún así fue emocionante. Regreso entonces a los recuerdos e influencias para poder palpar el ondular de la música, su golpeteo contra el cuerpo. Se hace bailar la curiosidad y la nostalgia revelando la canción por primera vez.

Juegos de luz

A menudo se agita la frase ‘juegos de luz’ con cierta holgura. Acá no hay sólo eso sino luz en pasarela, atardeciendo en el acetato, revelando como en la caverna original la silueta de una interpretación musical. La combinación otoñal Winston-Bronze pasada por el fuego, o por la lamparita y su movimiento. No es Nosferatu en el muro quien se proyecta. Es la sombra de un brazo de metal y el enjambre de ejes que hacen contrapeso para revelar el sonido. Conmovedor a muchos niveles.

Bellísima pieza con el arriesgado aporte del video de Roberto Di Landrio

https://youtu.be/IeJYv6_qbB0