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Relevo azul y oro

Mi padre solía lle­var­nos a mi her­mano y a mí al esta­dio de CU cuan­do era­mos niños. Nun­ca sen­tí un ape­go par­ti­cu­lar por los Pumas y pasó mucho tiem­po antes de que lle­ga­ra a estu­diar en la Uni­ver­si­dad, pero ir al esta­dio era una aven­tu­ra ínti­ma entre los tres, com­par­tir el len­gua­je y ritual mera­men­te fut­bo­le­ro. Recuer­do de esos días sobre todo los gola­zos de Luis Gar­cía, a Jor­ge Cam­pos y las inge­nio­sas fra­ses de la porra de los Pumas que intem­pes­ti­va­men­te rom­pían el bulli­cio del esta­dio lue­go de un silen­cio que aspi­ra­ba cual­quier otro rui­do. …

En medio de la algarabía, un niño en la calle, en medio de Madero, a la mitad de todos

La tar­de había sido músi­ca y entu­sias­mo, más músi­ca que otra cosa. Salía­mos del zóca­lo por Made­ro y seguía la músi­ca. Era de noche, muy noche. No se sen­tía frío si venías de bue­nas o si habías ido a la bue­na. Un niño no está de bue­nas cuan­do está a fuer­zas, cuan­do toca el acor­deón a hue­vo, cuan­do fin­ge que no es escla­vo y que sigue sien­do niño.

AMLO - Cierre de campaña 2012 207