Radiografía del trastorno

Un gru­po de pin­güi­nos sale de la colo­nia en la que ani­dan. Van rum­bo al mar. Uno de ellos se detie­ne. No sigue el camino de los demás ni regre­sa a la colo­nia. Inmó­vil gira la cabe­za hacia los que siguen su mar­cha y hacia otro que deci­dió vol­ver­se. Des­pués empren­de hacia las mon­ta­ñas, don­de no hay nada sino vas­te­dad. “El doc­tor Aingly expli­ca que aún cuan­do toma­ra al pin­güino y lo devol­vie­ra a su colo­nia, regre­sa­ría a las mon­ta­ñas” dice Wer­ner Her­zog como narra­dor del video y ter­mi­na pre­gun­tán­do­se por qué.

Deran­ge­ment. Tras­torno. Pala­bras exac­tas para des­cri­bir el giro súbi­to del pro­ta­go­nis­ta de esta his­to­ria. Deci­de ese camino con el mis­mo tesón ins­tin­ti­vo que emplea­ría para bus­car ali­men­to en caso de sen­tir ham­bre. No hay razo­nes pues es muy posi­ble que el pin­güino no las ocu­pe para defi­nir su com­por­ta­mien­to. Cómo se pue­de deci­dir una pul­sión de ese tama­ño. El pin­güino se ha exi­lia­do o ha deci­di­do morir. Pare­cie­ra que hay más argu­men­tos en favor de lo segun­do pues segui­rá cami­nan­do has­ta que lo mate el can­san­cio, el ham­bre y el frío.

Impo­si­ble no con­mo­ver­se ni caer en la ten­ta­ción de hacer para­le­lis­mos fáci­les con algún caso humano, de aquél que con cada acción se va ale­jan­do de su gru­po o la super­vi­ven­cia. Tur­ning point es en inglés el pun­to deci­si­vo, el momen­to don­de una his­to­ria se pre­ci­pi­ta en cam­bios sin freno o reme­dio. La pala­bra tras­torno com­pren­de tam­bién un fre­ne­sí trá­gi­co demo­le­dor. Pare­cie­ra que las mon­ta­ñas no mar­gi­nan idio­mas ni especies.

Agra­dez­co a Ana Mar­tín Veláz­quez por com­par­tir este video.

7 comentarios en “Radiografía del trastorno”

  1. No me atre­ví a ver el video por­que soy muy sen­si­ble con los ani­ma­les… pero sí, toda tu vida, y creo que mi vida, han sido U turns, que final­men­te nos hacen estar apar­te de las mayo­rías, pero segu­ros entre las mino­rías que tam­bién se encuen­tran “tras­tor­na­dos”… gra­cias por com­par­tir el video.

  2. Me acor­dé en algún momen­to de tu pin­güino londinense…

    Oja­lá que lo pue­das ver. Me iden­ti­fi­qué dema­sia­do aun­que toda­vía no pue­do escri­bir sobre esa iden­ti­fi­ca­ción. Como le decía a la per­so­na que me com­par­tío el video, sien­to que me otor­gó una pie­za que me fal­ta­ba res­pec­to a algu­nas refle­xio­nes y obse­sio­nes que he mas­ti­ca­do toda mi vida. Mejor ver­lo y abrir un nue­vo tur­ning point a perdérselo 😉

    Eso que comen­tas lo segui­ré tra­tan­do en radio­gra­fías pos­te­rio­res. La erran­cia y des­tie­rro pro­pio de los locos está muy liga­do a lo que ape­nas men­ciono en este textito.

    Bus­can­do las eti­mo­lo­gías de ‘tras­torno’ que­dé fas­ci­na­do por la pala­bra. Muy lejos de la noción de enfer­me­dad tan de Occi­den­te. Segui­ré ras­trean­do el tema por­que da para mucho.

    Gra­cias a ti por leerme. 😀

  3. Wow… muy con­mo­ve­dor, se ve super tierno.
    Me impre­sio­na bas­tan­te cómo es que toma esa desición de ale­jar­se e ir hacia las mon­ta­ñas… oja­lá pudie­ra­mos saber qué pasa­ba por su men­te­si­ta pin­güi­nes­ca jeje

  4. Hace muchos años en una cla­se de neu­ro­psi­co­lo­gía expli­ca­ron el fenó­meno que se da cuan­do mue­ren célu­las en el cere­bro, cómo las neu­ro­nas de los alre­de­do­res empren­den una com­pe­ten­cia por esta­ble­cer­se en los espa­cios don­de hubo muer­te. A eso le lla­man plas­ti­ci­dad cere­bral. Yo vi la ilus­tra­ción más bási­ca y pun­tual del poder.

    Algo simi­lar me ocu­rrió con este video sólo que toda­vía no pue­do ate­rri­zar del todo las impli­ca­cio­nes de la dubi­ta­ción del pin­güino. Sólo me que­da la con­mo­ción, el estre­me­ci­mien­to, y la sos­pe­cha de que este fenó­meno entra­ña una pie­za impor­tan­tí­si­ma en la com­pren­sión de nues­tra pro­pia naturaleza.

  5. Pues es algo así como la super­vi­ven­cia del más apto, alo­me­jor era un pin­güino mayor y se dió cuen­ta de que sería una car­ga en ese tra­yec­to. Deci­de regre­sar y morir… no sé si tranquilamente.

  6. Nos pasa. Exis­te den­tro de noso­tros esa pul­sión-curio­si­dad-nece­si­dad por la des­apa­ri­ción. Sólo si nos lle­ga a domi­nar como al pin­güino sabre­mos qué tan fuer­te era.

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